Inmensa Tristeza.-

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Fallecio “Chaza”.-

El mitico desaparecido periodista Osvaldo Ricardo Orcacitas decia de Gustavo Adolfo Chazarreta…

El santiagueño Gustavo Adolfo Chazarreta hizo esta confesión que lo pinta de cuerpo entero: “Fui con todo entusiasmo por primera vez a un Campeonato Argentino en 1958. Se realizó en la ciudad de Santa Fe. Tenía 16 años. Mi debut fue contra Córdoba, nada menos, y ganamos (51-44), por lo que ya me creía un crack… Por eso pienso que el partido siguiente me hizo muy bien. Jugamos ante Santa Fe, el local, y allí Orlando “Pocho” Peralta, que había sido internacional, me metió nada menos que 42 puntos. Se me bajaron los humos, menos mal, porque si por casualidad hubiésemos ganado ese partido (perdieron 85-75) y yo jugaba bien, no la iba a saludar ni a mi mamá…”

Esta anécdota marca la integridad de su ubicación como deportista y fue el punto de partida de una comunión indisoluble: su amor al terruño, su sagrada devoción por vestir la camiseta celeste agrisada o azul N° 8 de Santiago del Estero en los Campeonatos Argentinos. Entre 1958 y 1977 jugó en 17 ediciones, un récord local que comparte con el Benja Arce.

En 1962 no pudo consagrarse campeón argentino con su provincia en Posadas por estar haciendo el servicio militar en la Marina, en Puerto Belgrano. Era una asignatura pendiente que Gustavito la pudo cumplir sí en 1968, cuando el legendario campeonato llegó a sus pagos y, según la chispa de Piri García, “hizo más básquet que calor”…

Chazarreta sólo pudo jugar el tramo final, ya que arrancó enyesado en su pierna izquierda por una lesión en el tobillo.

El domingo 17 de marzo, en una dramática final resuelta en tiempo suplementario tras empatar en 65, Santiago del Estero se cruzó con el entonces bicampeón Provincia de Buenos Aires del trío ilustre: Fruet, Cabrera y De Lizaso. Con un doble de Roberto Carrera, el equipo dirigido por don Casimiro González Trilla se impuso 76-75 y logró la ansiada gloria.

A falta de 14 segundos perdían por un punto y “Quebracho” Torres debía ejecutar dos tiros libres. ¡Erró los dos! Pero ahí tomó el rebote el “Dupla” y convirtió el doble decisivo.

“Nunca me emocioné tanto como aquella vez -confesó Chaza-, con las tribunas llenas -dicen que hubo veinte mil personas en el Parque Aguirre-, con los clarines de la banda de música tocando la Zamba de Vargas y, para colmo, jugando en una cancha levantada sobre el lecho del río Dulce”.

Si se tuviera que personificar al legendario Campeonato Argentino en una figura símbolo, la gran mayoría -y yo también le doy mi voto- lo eligiría a él por su dimensión de excepcional jugador, por su conducta intachable y por su calidad humana. Y hasta por agarrar gustoso una guitarra y poner música de chacarera para animar cualquier reunión o tertulia.

Nació el 28 de agosto de 1941. Se hizo jugador en el Santiago B. B. C., el mismo club donde jugaron su padre -también Gustavo Adolfo, el “Mocho”, campeón sudamericano con Argentina en Lima 1943- y el gran Rafael Lledó.

El mismo Gustavo contó esta anécdota: “Corría 1954 y entre mis preferidos estaba el inolvidable “Chafa”. Yo era un chango todavía cuando tuvimos oportunidad de estar juntos dentro de una cancha. ¡Me dio tantos pelotazos! que desde ahí comencé a pensar sobre la importancia de estar permanentemente atento en el juego, siempre alerta. Lledó era un maestro y sacaba pases desde cualquier ángulo. Aquel día salí loco de los pelotazos que me dio, pero fueron de gran valor, porque así comencé a tener noción de lo que era el juego…”

El doctor Jorge Humberto “Nilo” Neder, santiagueño radicado en Córdoba, periodista, corresponsal de “El Gráfico”, escribió esta historia para la revista editada por la Federación Santiagueña en el homenaje al entrañable “Mono” que se le tributó en 1972:

“No sé si estarán aquellos mismos chicos de la infancia. Pero yo tuve la suerte de seguir con uno de ellos por muchos años, porque el destino nos trajo al mismo lugar. O porque se me ocurrió un día decirle, cuando estábamos sentados en el cordón de la vereda del Inti, mientras esperábamos entrar: “¿Por qué no te venís a estudiar a Córdoba?”

Y se vino. Y estudió medicina, especializándose en cardiología. Y hoy es el doctor Chazarreta. Desde 1960 recaló en el Club Atlético Universitario de la Docta. Para combatir lo que se llamaba “amateurismo marrón” imperaba entonces una reglamentación retrógrada en el régimen de pases: si un jugador cambiaba de club, por dos años no podía jugar en primera. Esa generación de Chazarreta, que jugó en la década del ’60, debió soportar este flagelo reglamentario.

Sus comienzos en el básquetbol cordobés fueron a lo campeón. Con la “U” ganó consecutivamente el Preparación y el Oficial de 1962 y 1963 junto a Hugo Arece, el hoy periodista Juan Cisneros, Julio Hausberger, Oscar Heinze, Elter Ramonda y Carlos Roqué.

En esa época nacieron “Las Estrellas Blancas” de General Paz Juniors y era inevitable que buscaran su calidad. En 1964 pasó y se juntó con la constelación de Hugo Olariaga, Marcelo Farías, Guillermo Riofrío, Clodomiro y Samuel Oliva, Hugo Montivero, Julio Rodríguez… Estaba considerado como el mejor equipo argentino de club de la época. Sucesivamente fue dirigido por Luis Fainstein, el brasileño Damasceno Lopes y el profesor Carlos Alberto Díaz.

Ahí estuvo hasta su adiós de 1977, con un paréntesis cuando en 1972 se fue a hacer un postgrado en Baltimore, Estados Unidos.

Un hecho lo hizo saltar a la fama en el Campeonato Sudamericano realizado en Córdoba en marzo de 1960. Fue en su debut internacional. El escenario se armó en la cancha de fútbol de Instituto. Un tablado se instaló frente a la tribuna grande de cemento. En Uruguay asombraba la capacidad goleadora de Oscar Moglia, que terminó como máximo anotador con 30,2 puntos de promedio.

El día 11, en nuestro penúltimo partido, el director técnico Raúl Calvo le asignó su marca, después de que el uruguayo le hiciera 43 a Brasil. “Duré quince minutos y salí por cinco faltas -recuerda Gustavo-, pero fue mi mejor trabajo. No olvido nunca el afecto con que me despidió el público y el gesto de Moglia al ser el primero en felicitarme…”

Pese a salir por fouls, la gente premió su conmovedora entrega. El Oscar terminó con 29 tantos, pero “se comió un par de tapas espectaculares”, evoca hoy Juan “Canasta” Cisneros. Argentina ganó 67-65. Ocupamos el tercer lugar.

Después de ese bautismo, Chazarreta participó en los Sudamericanos de Río de Janeiro 1961 (tercero) y Asunción 1968 (quinto). Es decir que registra tres competencias subcontinentales en total. Además jugó un Campeonato Mundial con la Selección Argentina: el de San Pablo 1963 (octavo). Convirtió 47 puntos en los ocho encuentros.

También su jerarquía fue requerida a menudo como refuerzo, tal como ocurrió con el Gimnasia y Esgrima La Plata del “Bala” Ripullone, Finito Gehrmann y el Gallego González en la gira a Europa entre diciembre de 1970 y enero de 1971. Fueron terceros en el famoso Torneo de Navidad del Real Madrid. Uno de sus compañeros de viaje, Orlando Adolfo Butta, remarca todavía hoy la cualidad técnica más destacada de Gustavo como jugador: era un eximio tapador.

“Yo no sé cómo hacía -explica el Chungo-, pero ponía la tapa con tal efecto que la pelota siempre saltaba hacia arriba, no se caía ¡y la terminaba recuperando! Era un tiempista extraordinario. A esta acción la llamé La Gran Chazarreta…”

Una referencia simpática: Marcelo Gustavo Milanesio se llama así por Farías y Chazarreta. Está todo dicho.

En una entrevista que le hizo el periodista comprovinciano José Enri Reynoso quedó estampada una frase suya que es toda una definición de lo que Gustavo Adolfo Chazarreta fue en el básquetbol y es en la vida: “Mejor ganar amigos que partidos”.

ORO

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